TATIANA SE VA DEMASIADO PRONTO Y LA CASA YA EMPIEZA A ENSEÑAR LAS GARRAS
Tatiana Cabrera se ha convertido en la primera eliminada de la historia de Gran Hermano Uruguay después de un mano a mano contra Laura Dotto. Melanie fue salvada previamente por sus compañeros, dejando a Tatiana y Laura frente al voto del público. Finalmente, Tatiana recibió el 71,87% de los votos negativos y tuvo que abandonar la casa apenas dos días después de haber entrado.
Y lo siento, pero no me convence nada esta salida. No porque Laura no pueda aportar, ni mucho menos. Precisamente por su edad y por el perfil que representa dentro de la casa, creo que Laura puede tener un recorrido interesante. El problema es que Tatiana había entrado prometiendo exactamente lo que yo quiero de un concursante de Gran Hermano: protagonismo, conflicto, diversión y cero intención de pasar desapercibida. Ella misma había dejado claro que quería que el público hablara de ella, para bien o para mal, y que tenía bastante facilidad para meterse en problemas porque primero hablaba y después pensaba.
Y NOS LA HEMOS CARGADO A LOS DOS DÍAS.
Maravilloso. Luego nos quejaremos de que los realities no tienen personajes.
Tatiana ni siquiera ha tenido tiempo de desarrollar una trama propia. No ha podido enfrentarse a una nominación normal, crear alianzas, ganarse enemigos, hacer amistades, enamorarse, discutir por la comida, convertirse en insoportable para media casa o caerle estupendamente bien a la otra mitad. Ha entrado, ha empezado a conocer a sus compañeros y cuando todavía estaba intentando ubicarse dentro de la casa ya estaba haciendo la maleta.
Y esto me parece una lástima especialmente importante tratándose de la primera edición de Gran Hermano Uruguay. Un casting necesita tiempo. Hay concursantes que explotan desde el primer minuto y otros que necesitan dos, tres o cuatro semanas para encontrar su sitio. Expulsar tan pronto a alguien que parecía tener potencial para generar conflicto significa que quizá estamos eliminando precisamente aquello que después echaremos de menos.
Evidentemente, el público vota y el resultado hay que respetarlo. Pero como espectador puedo decir que me habría gustado ver qué podía haber hecho Tatiana con un poco más de tiempo.
Y mientras una posible protagonista abandona la casa, el programa empieza a enseñarnos que aquí también hay ganas de jugar. La primera espontánea ya ha sido utilizada y la responsable ha sido Tai, Stephanie Dudok, que decidió adelantar su estrategia y utilizar esta herramienta cuando todavía prácticamente acababan de aterrizar en la convivencia.
Y esto sí me gusta. Mucho.
Porque la espontánea obliga a empezar a pensar. Aquí ya no basta con decir “yo vengo a vivir la experiencia”. Esto es un concurso y, aunque todavía estén en esa fase maravillosa en la que todos se quieren muchísimo y nadie habla mal de nadie, ya hay gente moviendo fichas. Tai ha decidido jugar pronto y ahora habrá que comprobar si la jugada le sale bien o si acaba convirtiéndose en el primer objetivo de la casa.
Y si hablamos de movimiento, tampoco podemos olvidarnos de Agustina y Jazmín. La discusión entre ambas ha sido uno de esos primeros encontronazos que pueden quedarse en una simple bronca o convertirse en algo mucho más interesante. Agustina ya había dejado claro que no es precisamente una mujer que quiera pasar desapercibida y Jazmín tampoco parece haber entrado en la casa con intención de permanecer sentada en una esquina.
Y esto es justo lo que necesita la edición: personalidades que choquen.
No quiero que todos se lleven bien. No quiero que durante tres semanas estemos viendo a 21 personas abrazándose, diciendo que han encontrado una familia y repitiendo que vienen a vivir la experiencia. Quiero que aparezcan grupos, afinidades, rivalidades y diferencias. Quiero que alguien empiece a caer mal. Quiero que otro se crea el líder de la casa. Quiero que alguien se equivoque y tenga que pagar las consecuencias. Porque ahí empieza realmente Gran Hermano.
Ahora bien, hay algo que sí creo que el programa debería revisar cuanto antes: la duración.
Entiendo perfectamente que la gala principal, la de los domingos, tenga una duración más larga. Ahí tienes que concentrar la expulsión, los posicionamientos, las nominaciones, los vídeos de convivencia, las decisiones del juego y todo lo que corresponde a una gala importante. Dos horas pueden tener sentido.
Pero el resto de programas, sinceramente, con una hora sería más que suficiente.
Porque ahora mismo el problema no es que Gran Hermano Uruguay no tenga contenido. El problema es que hay poco contenido para las horas que pretende ocupar. Y eso termina siendo contraproducente. Una cosa es querer ofrecer muchas horas de Gran Hermano y otra muy diferente es estirar el chicle hasta que el espectador empieza a mirar el reloj preguntándose cuánto falta.
Y esto se nota especialmente porque estamos todavía en los primeros días. La convivencia apenas está empezando, las relaciones todavía son superficiales y las grandes tramas aún no se han desarrollado. Si coges ese contenido y lo estiras demasiado, inevitablemente aparecen tiempos muertos, conversaciones que no llevan a ninguna parte y situaciones que podrían resolverse perfectamente en diez minutos pero terminan ocupando media hora.
No hace falta rellenar por rellenar.
A veces, menos es más. Si un programa tiene una hora y durante esa hora me das lo mejor de la convivencia, quiero ver la siguiente. Si me das dos horas y durante buena parte de ellas siento que estamos esperando a que ocurra algo, corres el riesgo de que desconecte antes de que llegue ese algo.
Y esto es especialmente importante ahora porque Gran Hermano Uruguay está construyendo todavía su identidad. Necesita ritmo. Necesita que cada programa deje ganas de volver al siguiente. No podemos tener una casa llena de concursantes interesantes y luego esconderlos debajo de horas de televisión estirada.
El formato ya tiene las herramientas suficientes para funcionar. Tiene espontánea, nominaciones, expulsiones, convivencia, estrategias y un casting con perfiles diferentes. Ahora tiene que aprender a administrar ese material.
Porque, de momento, hay cosas que me gustan mucho y otras que me generan dudas. La expulsión de Tatiana no me ha gustado, la espontánea me parece una buena señal, la bronca de Agustina y Jazmín puede dar recorrido y la duración necesita urgentemente una tijera.
Y no quiero que se interprete esto como que estoy perdiendo la fe en la edición. Todo lo contrario. Precisamente porque creo que Gran Hermano Uruguay tiene potencial, creo que hay que señalar estas cosas ahora, cuando todavía están a tiempo de corregirse.
La casa acaba de empezar a caminar y ya nos ha dado expulsión, estrategia y conflicto.
Ahora solo falta que dejen de estirar el chicle y empiecen a dejarnos disfrutar del sabor.
Porque Tatiana ya está fuera.
Y sería una pena que, mientras ella recoge sus cosas, el aburrimiento se convierta en el siguiente expulsado.






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