SUPERVIVIENTES ALL STARS 3: TELECINCO, POR FIN, HA RECORDADO CÓMO SE HACE TELEVISIÓN



Tengo que reconocerlo: después de tantos años viendo realities, de tantas galas que empiezan prometiendo muchísimo y terminan siendo una sucesión de pruebas, vídeos de relleno, discusiones prefabricadas y concursantes que parecen elegidos después de una tarde mirando perfiles de Instagram, no esperaba que la primera gala de Supervivientes All Stars 3 me fuese a enganchar de esta manera. Y mira que iba con las expectativas relativamente controladas. Pero terminó la gala y tuve una sensación que hacía muchísimo tiempo que no tenía con un reality de Telecinco: había pasado algo. Y no una cosa. Muchas.
Porque esta vez hubo casting, hubo personajes, hubo historia previa, hubo piques, hubo humor, hubo espectáculo, hubo barro, hubo helicóptero, hubo decisiones que podían cambiar el concurso y, sobre todo, hubo esa sensación de que los concursantes no habían sido metidos en una isla simplemente para ocupar camas y esperar a que alguien les preguntase cómo se encuentran. Aquí hay gente que lleva años haciendo televisión, gente que sabe perfectamente dónde está una cámara, gente que tiene cuentas pendientes, gente con carácter y, lo más importante, gente que puede generar televisión sin necesidad de que el programa les escriba el guion debajo de la mesa.
Y esto, queridos amigos de Telecinco, se nota una barbaridad.
El casting de esta tercera edición de All Stars me parece directamente potentísimo. Albert Barranco, Alma Bollo, Arkano, Asraf Beno, Chiqui, Damián Quintero, Ivana Icardi, Lola Ortiz, María Jesús Ruiz, Omar Sánchez, Rosa Benito, Víctor Janeiro, Yola Berrocal y Yulen Pereira forman una mezcla bastante más interesante de lo que estamos acostumbrados a ver últimamente en un reality. Hay veteranos, hay personajes muy reconocibles, hay concursantes que han protagonizado historias enormes en otros programas y hay perfiles que, precisamente porque no sabes por dónde van a salir, pueden terminar dando muchísimo juego.
Y además está el detalle de Marta Peñate y Rubén Torres como capitanes. Es decir, dos ganadores de las anteriores ediciones de All Stars que regresan sin jugar exactamente como el resto, pero con capacidad para tomar decisiones que afectan directamente a sus compañeros. Me parece una idea bastante más inteligente que simplemente traerlos de vuelta para que hagan acto de presencia, sonrían a cámara y nos recuerden que ganaron el programa. Aquí tienen poder y eso significa que pueden convertirse en una especie de virus dentro de la convivencia. No sabes cuándo van a aparecer, qué van a decidir ni a quién le van a complicar la existencia. Y eso, en un reality, siempre es bienvenido.


La gala comenzó como tenía que empezar una edición de Supervivientes: con helicópteros y gente arrepintiéndose de sus decisiones vitales. Los catorce concursantes tuvieron que enfrentarse al salto y, desde el primer minuto, ya tuvimos miedo, nervios y alguna que otra escena bastante divertida. Rosa Benito, que ya había dejado claro antes del estreno que el helicóptero no era precisamente su medio de transporte favorito, vivió ese momento con la tensión lógica de quien probablemente se preguntaba por qué demonios había aceptado volver a Honduras después de haber tenido una vida perfectamente tranquila.
Pero si alguien llegó con ganas de televisión fue Chiqui. Y aquí hago una pequeña parada porque creo que Chiqui puede ser uno de los grandes descubrimientos de esta edición para quienes quizá no recuerden exactamente lo que es capaz de dar dentro de un reality. Tiene personalidad, tiene sentido del espectáculo y, sobre todo, tiene esa capacidad de convertir situaciones normales en momentos televisivos. Y viendo lo que ocurrió después en la primera prueba, tengo bastante claro que vamos a hablar mucho de ella.


La primera gran prueba fue un auténtico festival de barro, piscinas, obstáculos, caídas y concursantes intentando avanzar mientras el cuerpo les pedía amablemente que se tumbasen en el suelo y no volviesen a levantarse. Hubo de todo. Asraf acabó protagonizando una de esas caídas que inevitablemente terminan convertidas en meme, María Jesús Ruiz consiguió llevar barro prácticamente hasta lugares del cuerpo que probablemente no sabía que podían almacenar barro y Chiqui volvió a demostrar que, cuando la situación se pone complicada, ella no necesita demasiado para convertirse en protagonista.
Y después llegó uno de esos enfrentamientos que no necesitan edición, música dramática ni tres vídeos de antecedentes: Chiqui contra Rosa Benito. Porque si algo ha dejado claro esta primera gala es que aquí no hemos venido a repartir abrazos y decirnos lo mucho que nos queremos. El encontronazo previo en el aeropuerto ya había dejado la temperatura bastante calentita, especialmente después de que apareciera en escena el famoso “innombrable” de Rosa, y la tensión continuó posteriormente. Chiqui incluso llegó a decirle aquello de “¡no vayas de diva y no faltes al respeto!”, que, sinceramente, es exactamente el tipo de frase que uno espera escuchar en un Supervivientes All Stars y no en una reunión de vecinos.


Y hablando de Rosa, aquí tenemos otra de las claves de esta edición. La presencia de las viejas glorias no significa simplemente recuperar caras conocidas por nostalgia. Significa recuperar una manera de hacer televisión que funcionaba. Rosa Benito, Yola Berrocal, María Jesús Ruiz, Chiqui, Víctor Janeiro... son personas que tienen recorrido televisivo y que no necesitan que les expliquen qué significa estar dentro de un reality. Han vivido platós, polémicas, entrevistas, concursos, discusiones y cámaras durante años. Y eso se nota cuando pisan una isla.
Porque ese es precisamente uno de los grandes problemas que ha tenido Telecinco en los últimos tiempos: ha confundido muchas veces juventud con interés y popularidad en redes con capacidad televisiva. Y no son lo mismo. Puedes tener millones de seguidores y ser absolutamente incapaz de sostener una convivencia televisiva durante tres meses. También puedes llevar años sin aparecer en televisión y entrar en una isla y generar una trama en veinte minutos. El casting de All Stars 3 parece haber entendido esa diferencia.
La distribución entre Playa Sol y Playa Luna también empezó a generar rápidamente sus primeras dinámicas. Albert Barranco y Omar Sánchez fueron los más rápidos de sus respectivos equipos y se convirtieron en líderes, obteniendo inmunidad y capacidad de intervenir en las nominaciones. El equipo naranja terminó ganando la prueba de localización y consiguió Playa Sol, mientras que el equipo negro tuvo que conformarse con Playa Luna. Y aquí empezó realmente el juego, porque cuando tienes un casting con gente que ya tiene historias, egos, amistades y enemistades previas, cualquier ventaja deja de ser simplemente una ventaja: se convierte en munición.


Y entonces apareció Marta Peñate para recordarnos que volver a un reality sin concursar no significa volver de vacaciones. Ganó el primer duelo de capitanes frente a Rubén Torres y decidió conceder la inmunidad a Yola Berrocal. Una decisión que, además de tener su lógica estratégica, demuestra que los capitanes pueden convertirse en una pieza bastante importante de esta edición. Rubén, por su parte, terminó tomando una decisión que ya empezó a incendiar el concurso antes incluso de que terminásemos de aprendernos dónde estaba cada playa: nominó directamente a Alma Bollo.
Y lo maravilloso de la situación es que Alma acababa de ser elegida por los usuarios de Mediaset Infinity como la concursante que había hecho el mejor salto desde el helicóptero. Es decir, Alma aterrizó en Honduras siendo la favorita del público en una primera votación y, prácticamente acto seguido, recibió una nominación directa. Una de cal y otra de arena, como explicó Rubén. Porque si algo tiene un reality de estas características es que puede convertir un pequeño triunfo en una bofetada estratégica en cuestión de minutos.
Eso sí, las nominaciones oficiales tuvieron que esperar porque la gala se quedó sin tiempo. Y esto, lejos de molestarme demasiado, me pareció incluso una señal de que por una vez había demasiadas cosas que contar. La primera gala terminó teniendo 225 minutos de duración en Mediaset Infinity y aun así se quedaron asuntos pendientes para el domingo, cuando Sandra Barneda recogerá el testigo para completar las nominaciones. Y yo, sinceramente, prefiero esto a aquellas galas eternas en las que tienes la sensación de que han pasado tres horas y no ha ocurrido absolutamente nada.
Porque si algo consiguió esta primera gala fue recuperar una palabra que parecía haberse perdido en Telecinco: entretenimiento.


Jorge Javier Vázquez también tuvo buena parte de culpa. Y aquí hay que reconocer que cuando Jorge Javier está con ganas, se nota. El presentador estuvo especialmente desatado, con esa capacidad suya para meter una pullita aquí, otra allá y conseguir que una simple presentación termine convirtiéndose en una pequeña carnicería televisiva. Hubo referencias a Paz Padilla, bromas con Víctor Janeiro y Juls Janeiro, el momento “¡Viva Rocío Carrasco!” relacionado con Rosario Mohedano y hasta el regreso de la vieja guerra con Beatriz Trapote a cuenta de los libros. Jorge Javier volvió a ser Jorge Javier, y eso, aunque a algunos les pueda gustar más y a otros menos, también forma parte de la televisión que Telecinco había perdido.
Porque aquí está, para mí, la gran cuestión después de esta primera gala: ¿y si el público no se ha cansado de los realities? ¿Y si simplemente se había cansado de realities que no tenían nada que contar?
Los datos de audiencia obligan a poner los pies en el suelo. La gala principal consiguió 797.000 espectadores y un 15,6% de cuota, mientras que el previo Supervivientes All Stars Express alcanzó el millón de espectadores y un 9,3%. El 15,6% está lejos de ser una barbaridad para los estándares históricos de Supervivientes y, de hecho, es una de las premieres más modestas de la franquicia. No vamos a vender humo diciendo que Telecinco acaba de recuperar el liderazgo absoluto de la televisión española porque no es así.
Pero también hay que mirar el contexto. En una Telecinco que llevaba meses necesitando urgentemente una buena noticia, ese 15,6% convirtió a Supervivientes All Stars en uno de los contenidos más competitivos de la cadena, liderando su franja principal y demostrando que todavía existe público dispuesto a sentarse delante de la televisión para ver un reality cuando el producto le ofrece motivos para hacerlo.


Y aquí es donde creo que Telecinco debería tomar nota de verdad.
Porque quizá el problema nunca fue que España dejara de amar los realities. Quizá el problema fue que llevábamos demasiado tiempo ofreciendo realities sin el componente que hizo grande al género. Durante años, Telecinco consiguió crear personajes que trascendían el propio programa. Gente que entraba en Gran Hermano, Supervivientes, GH VIP o cualquier otro formato y acababa formando parte de la cultura televisiva del país. Había protagonistas, villanos, héroes, secundarios, romances, enemigos, amistades, traiciones y, sobre todo, historias que continuaban cuando se apagaban las cámaras.
Ahora parece que estamos empezando a recordar que eso no se fabrica simplemente poniendo a veinte personas delante de una cámara.
Y Supervivientes All Stars 3 puede ser una demostración perfecta de ello. Recuperar a las viejas glorias no tiene por qué significar vivir eternamente del pasado. Al contrario. Puede significar recuperar el ADN que hizo grande a Telecinco y mezclarlo con caras nuevas, perfiles diferentes y una producción moderna. No se trata de hacer televisión como en 2005. Se trata de volver a entender por qué aquella televisión funcionaba.
Si Telecinco mantiene esta línea, si vuelve a apostar por castings fuertes, por personajes con recorrido, por gente que sabe generar contenido y por recuperar a esas figuras que durante años fueron parte fundamental de su identidad, yo sí creo que el género puede volver a coger fuerza en España. No de un día para otro, evidentemente, porque una audiencia no recupera la confianza simplemente porque una gala salga bien. Pero el camino está ahí.
Y lo más curioso es que la primera gala de Supervivientes All Stars 3 ha conseguido algo que parecía bastante difícil: hacer que vuelva a apetecer hablar de un reality al día siguiente. Hay personajes de los que hablar, decisiones que discutir, nominaciones pendientes, posibles enfrentamientos, estrategias que empiezan a aparecer y un casting suficientemente potente como para que cualquiera pueda convertirse en protagonista.
Así que, Telecinco, cariño, toma nota. No hacía falta reinventar la televisión. Hacía falta volver a hacerla entretenida. Y si para conseguirlo tienes que llamar a Rosa, Yola, Chiqui, María Jesús, Víctor, Jorge Javier y compañía y decirles “pasen ustedes, que aquí hay trabajo”, pues igual no era tan mala idea.
Porque después de años preguntándonos dónde coño estaba aquella Telecinco que nos tenía enganchados, quizá la respuesta era bastante más sencilla de lo que pensábamos: estaba esperando a que volvieran a dejar entrar a los que sabían hacer televisión.

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