Supervivientes All Stars 3: mucho All Stars, pero aquí las que vienen a repartir estopa son ELLAS

Esta noche vuelve Supervivientes All Stars y, viendo el casting, una cosa queda bastante clara desde antes de que salte el primer concursante del helicóptero: las mujeres han venido a trabajar y los hombres parecen haber venido a ver si les dejan dormir un poquito. Telecinco ha juntado a catorce caras conocidas de anteriores ediciones, con la intención de convertir esta tercera edición en una especie de museo viviente de la telerrealidad. Un museo, eso sí, donde en lugar de contemplar las obras de arte en silencio, se insultan, se nominan y se pelean por un coco.

Porque si hay algo que me está gustando de este casting es el casting femenino. Y bastante. Rosa Benito, Chiqui, Yola Berrocal, María Jesús Ruiz, Alma Bollo, Lola Ortiz e Ivana Icardi forman un grupo que, sobre el papel, tiene muchísimo más peligro que una lata de sardinas abierta a las tres de la tarde en una playa de Honduras. Aquí hay veteranía, egos, cuentas pendientes, carácter, competitividad, experiencias anteriores y, sobre todo, muchas ganas de hablar. Y ya sabemos que en un reality de supervivencia puedes pasar hambre, frío y tener el culo lleno de arena, pero como además tengas siete mujeres con personalidad encerradas juntas, el entretenimiento está garantizado.


Y entonces aparece Chiqui. Y yo ya lo digo desde antes de que pise la playa: me parece un fichajazo. No porque vaya a ser necesariamente la que más aguante físicamente —que tampoco estamos esperando que llegue y construya ella sola el puente de Brooklyn—, sino porque tiene algo que muchos concursantes necesitan y que no se compra ni entrenando seis meses: personalidad televisiva. Chiqui habla, reacciona, entra al trapo y, cuando hay que decir algo, no parece que necesite consultar primero con producción. Y en un reality eso vale oro.

De hecho, ni siquiera hemos tenido que esperar a que empiece el concurso para verla en acción. El viaje a Honduras ya dejó la primera bronca entre Chiqui y Rosa Benito. Todo comenzó cuando salió a relucir el famoso “innombrable” de Rosa —su exmarido Amador Mohedano— y Chiqui aseguró que habían sido las fans quienes habían sacado el tema. Rosa se molestó y la tensión fue subiendo hasta que Chiqui acabó soltándole: “¡No vayas de diva y no faltes al respeto!”. Y aquello, evidentemente, no era precisamente la conversación de dos señoras tomando un café con sacarina.

Y aquí tengo que ponerme del lado de Chiqui, porque si empezamos así antes de llegar a la isla, yo solo puedo pedir que nadie les quite los micros. ¿Qué necesidad hay de esperar a las nominaciones, a las pruebas de recompensa o a que alguien se quede sin arroz? Tenemos la primera guerra declarada prácticamente en la terminal de embarque. ¡Pero si todavía no habían llegado ni a Honduras! Esto promete tanto que cualquier día vemos a Chiqui discutiendo con Rosa en el control de pasaportes mientras un funcionario de aduanas intenta requisarles el machete emocional.

Y ojo con Rosa, porque tampoco estamos hablando precisamente de una concursante que vaya a quedarse sentada mirando el mar. La ganadora de Supervivientes 2011 regresa a Honduras muchos años después, con miedo al helicóptero y con intención de llegar a la final. Pero hay una cosa que me interesa especialmente: Rosa vuelve siendo consciente de que es una de las grandes veteranas del casting. Y eso puede ser maravilloso… o puede convertirse en una fábrica de conflictos. Porque en Supervivientes hay una línea muy fina entre “soy una leyenda” y “me creo la dueña de la playa”. Y como crucemos esa línea, la edición nos la bendice Dios.

También tenemos a Yola Berrocal, que directamente no debería necesitar presentación porque Yola no participa en los realities: los realities participan en Yola. Si encima le añadimos hambre, calor, bichos, pruebas y convivencia, podemos estar ante una temporada de patrimonio audiovisual. María Jesús Ruiz aporta experiencia y capacidad para moverse dentro del juego; Alma Bollo llega con un carácter competitivo que ella misma reconoce; Lola Ortiz vuelve con la oportunidad de demostrar que aquella versión más impulsiva que vimos en su anterior aventura ya no es la misma; e Ivana Icardi aterriza con ese punto emocional y estratégico que puede hacer que cualquier conversación sobre arroz termine pareciendo una cumbre de la ONU.

Las chicas, sinceramente, me tienen dentro. Aquí veo historias, enfrentamientos, alianzas imposibles, reconciliaciones de quince minutos y, sobre todo, concursantes que pueden generar contenido incluso cuando no están haciendo una prueba. Y eso es exactamente lo que yo le pido a un All Stars. No quiero solamente gente conocida sobreviviendo en una playa. Quiero leyendas haciendo de leyendas.

Ahora bien… los chicos. Ay, los chicos. Aquí tengo bastantes más dudas. Albert Barranco, Arkano, Asraf Beno, Damián Quintero, Omar Sánchez, Víctor Janeiro y Yulen Pereira no forman un mal grupo, ni muchísimo menos, pero comparando las dos mitades del casting, tengo la sensación de que las mujeres llegan con mucho más arsenal televisivo. Y eso que algunos pueden sorprender. Arkano tiene una historia personal interesante y llega con ganas de vivir una transformación; Asraf quiere quitarse la espinita de no haber ganado todavía un reality; Omar ya sabe perfectamente lo que significa sobrevivir a la experiencia y Víctor Janeiro parece tener bastante claro que ha venido, fundamentalmente, a por el dinero. Al menos el hombre no engaña a nadie.

Pero es que mientras leo la lista de las chicas pienso: “Aquí puede pasar cualquier cosa”. Leo la de los chicos y pienso: “Bueno, vamos a ver qué tal las pruebas de apnea”. Y esa diferencia, queridos supervivientes, es importante. Porque un All Stars necesita concursantes que tengan capacidad para generar televisión, no solamente bíceps, abdominales o una historia de superación perfectamente empaquetada.


Además, este año hay otro ingrediente: Marta Peñate y Rubén Torres, ganadores de las dos primeras ediciones de All Stars, regresan como capitanes de los equipos. No podrán ser nominados ni expulsados y tampoco optarán al premio de 50.000 euros. Es una vuelta bastante curiosa porque, básicamente, han pasado de concursantes a tener un poquito de poder sobre los demás, que en un reality es una forma elegante de decir “vamos a darles una herramienta para que puedan tocar los cojones con cierta legitimidad”.

Y después está el propio concepto de All Stars, que cada vez tiene más que demostrar. Porque recuperar concursantes conocidos está muy bien, pero no basta con ponerles un bañador, mandarles a Honduras y esperar que por ciencia infusa aparezca la televisión. Aquí necesitamos que las viejas glorias vuelvan con ganas. Con hambre de juego. Con hambre de protagonismo. Con hambre de ganar. Y, si puede ser, con hambre literal, porque la convivencia con el estómago vacío es una de las mejores productoras ejecutivas que existen.

SV ALL STARS CONCURSANTES

Mi apuesta inicial es clara: las mujeres pueden comerse esta edición. Y no precisamente el arroz de la playa. Chiqui me parece una de las grandes sorpresas que puede darnos el programa, Rosa es una bomba de relojería con décadas de experiencia televisiva, Yola es directamente material de culto, María Jesús sabe perfectamente dónde está y qué está haciendo, Alma tiene carácter, Lola tiene cuentas pendientes consigo misma e Ivana tiene todos los ingredientes para convertirse en protagonista.

¿Los hombres? Les doy el beneficio de la duda. Porque ya sabemos que en Supervivientes uno puede entrar pareciendo un mueble de IKEA y salir convertido en protagonista de la edición. O al revés: entrar creyéndose la estrella y terminar siendo el señor que aparece detrás mientras Chiqui y Rosa se están diciendo de todo.

Y, sinceramente, si ocurre lo segundo… yo encantado.

Porque esta noche empieza Supervivientes All Stars 3, pero viendo cómo hemos empezado antes incluso de llegar a la playa, tengo la sensación de que la supervivencia más complicada no va a ser conseguir comida.

Va a ser sobrevivir a Chiqui.

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